En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque seréis juzgados como juzguéis vosotros, y la medida que uséis, la usarán con vosotros.
¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo?
¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Déjame que te saque la mota del ojo”, teniendo una viga en el tuyo? Hipócrita: sácate primero la viga del ojo; entonces verás claro y podrás sacar la mota del ojo de tu hermano».
Reflexión del Evangelio de hoy
“Convertíos de vuestros malos caminos”
No podemos vivir sin elegir. Somos humanos y vamos edificando nuestra vida con las decisiones que tomamos. Es verdad que nuestra libertad tiene muchos condicionamientos: hemos nacido en un lugar, en una época, nos han acompañado determinadas personas, cuyas decisiones también nos han afectado positiva o negativamente… Pero siempre queda un espacio para nuestra libertad: incluso en la situación más apretada podemos elegir cómo afrontarla o cómo vivirla…
Israel fue tomando decisiones y la historia bíblica nos lo muestra. Dividir el Reino de David y Salomón en dos reinos: el Reino de Israel y el Reino de Judá fue una decisión que pudo considerarse como conveniente humanamente en su momento, pero a la larga fue perjudicial, porque no iba en la dirección del Proyecto de Dios.
Con todo, al tomar conciencia de las consecuencias de nuestros actos, tenemos la oportunidad de rectificar nuestras decisiones y modificar el rumbo de nuestras vidas. Por eso, Yahvé acusa a Israel de sus pecados y lo llama a la conversión. Sabemos que Él siempre recibe a quien regresa arrepentido, así como no evita las consecuencias que las malas decisiones nos acarrean.
Israel, como reino del Norte, desapareció. Solo quedó la tribu de Judá, concluye, lacónica, la lectura.
Como humanidad somos testigos, protagonistas y también víctimas del poder que los avances tecnológicos han desarrollado. Las innovaciones tecnológicas son una oportunidad…pero ¿deberá ser la rentabilidad el criterio principal para su desarrollo a gran escala, sin que sus consecuencias éticas sean tenida en cuenta?
Una vez más, la historia es maestra. Los dones de Dios alcanzan su mejor desarrollo en la sintonía con su Proyecto salvífico. De otro modo, movidos en otra dirección, estos mismos dones se vuelven contra nosotros mismos. ¿Tendremos los ojos limpios para ver esto?
“Seréis juzgados como juzguéis vosotros”
En el sermón del Monte, Jesús quiere comunicarnos lo esencial de la fe, tanto en su contenido, como sobre todo en las actitudes coherentes con ella. Hoy el Maestro nos enseña que, en el Reino de Dios, que es proyecto pleno de fraternidad y de comunión, nadie puede arrogarse el lugar de Dios para juzgar. Porque, en realidad, ¿quién se considerará tan superior para ser arbitro de la conciencia de otro? O ¿quién se reconocerá tan impecable para pretender limpiar el corazón de otro?
No se trata de no corregirnos fraternalmente, sino de no hacerlo desde el lugar de Dios. Porque se nos advierte que también seremos juzgados, para que nadie se crea como Dios. Sólo Él es el Juez y solo Él es injuzgable. Los demás…todos falibles y juzgables.
El texto no ahonda en los daños que se seguirían si quien tiene una viga en el ojo intenta quitar con su vista tan limitada una mota en el ojo ajeno. Es posible que dañe tanto el ojo ajeno que lo arruine para siempre. Así solemos dañar nuestras relaciones cuando al corregirnos no estamos alertas a quitar de nosotros toda pretensión de arrogarnos el lugar de Dios, sintiéndonos superiores o impecables.
Es cierto que todos debemos crecer en fidelidad a la Palabra, pero en esta historia, mientras tengamos capacidad de rectificar nuestros rumbos, la misericordia será siempre más efectiva para llamar a la conversión y al cambio que la condena. Gracias a Dios…Su misericordia se ríe del juicio (cf. St 2,13), ella es colirio para nuestros ojos y nos ayuda a ver claro, a mirar más parecido a como Él mira. “Si corriges, hazlo con amor; y si perdonas, hazlo con amor” decía san Agustín.
¿Reconocemos las vigas que oscurecen nuestras opiniones sobre los demás?
Tomado de: https://www.dominicos.org/predicacion/evangelio-del-dia/hoy/
Autor: Fray Germán Pravia O.P. – Real Convento de Predicadores (Valencia)