En aquel tiempo, se presentaron los fariseos y se pusieron a discutir con Jesús; para ponerlo a prueba, le pidieron un signo del cielo.
Jesús dio un profundo suspiro y dijo:
«¿Por qué esta generación reclama un signo? En verdad os digo que no se le dará un signo a esta generación».
Los dejó, se embarcó de nuevo y se fue a la otra orilla.
Reflexión del Evangelio de hoy
“La autenticidad de vuestra fe produce paciencia”
Es propio de Santiago en su carta expresarse con claridad y contundencia. No existen matizaciones teológicas. Desde luego se le entiende bien. Por ejemplo, cuando dice que la fe sin obras es inútil. Pablo no lo expresa así: la fe salva, no las obras.
En esta carta dice con contundencia que el dolor es el colmo de vuestra dicha. Recuerdo lo que dice un himno del oficio divino: lo mejor de mi vida es el dolor. ¿Será así?
Para Santiago la perseverancia en las pruebas es el camino a la perfección. Consciente de que el programa supera la debilidad humana, insta a que se acuda a la generosidad de Dios, él dará la fortaleza necesaria.
Es cuestión de fe. Mas de una fe cierta, sin dudas. Esa fe le da la seguridad de que Dios estará con él. Para Santiago no caben titubeos, respecto a la fe. Está lejos de la expresión que dice “una fe sin dudas es una fe dudosa”, que tiene su base en que la fe se refiere al misterio.
¿Cómo nos vemos nosotros ante las pruebas, el dolor? ¿Hasta dónde nuestra confianza en Dios para darnos seguridad en nuestra fe?
“Los dejó, se embarcó de nuevo y se fue a la otra orilla”
En este breve texto vemos a Jesús harto de tanta discusión con los fariseos. Están empeñados en sorprender a Jesús diciendo algo que le desautorice a la luz de la Ley; de la que ellos son los cumplidores más fieles, según lo creían.
La única verdad es la suya. Los signos que hace Jesús le dan una autoridad que ellos no tienen. No ceden ante la evidencia de que Dios está de parte de Jesús. Jesús interpreta lo que Dios quiere de ellos.
Jesús cura enfermedades, domina el mar y el viento, realiza lo que ellos ni nadie puede hacer. Pero no les basta. Mejor: no pueden aceptar que les baste. Quieren más signos.
Y Jesús se cansa. Así que se sube a la barca y se va a otra orilla, se aleja de ellos. ¡Que le dejen en paz!
No hay peor sordo que quien no quiere oír; ni más ciego que el que no quiere ver. Lo que vale también para nosotros, cuando llega el momento de la renuncia a lo que nos gustaría, y de querer que sea Dios quien haga lo que nosotros deseamos, y no nosotros hacer lo que Dios quiere. A pesar de rezar el padrenuestro y reiterar, “hágase tu voluntad”.
Dudamos de la preeminencia de Dios. De un Dios “cuya bondad me consuele, según la promesa hecha a tu siervo”, que proclamamos en el salmo responsorial.
Tomado de: https://www.dominicos.org/predicacion/evangelio-del-dia/hoy/
Autor: Fray Juan José de León Lastra O.P. – Convento de Santo Domingo (Oviedo)