En aquel tiempo, a los discípulos se les olvidó tomar pan, y no tenían más que un pan en la barca.
Y Jesús les ordenaba diciendo:
«Estad atentos, evitad la levadura de los fariseos y de Herodes».
Y discutían entre ellos sobre el hecho de que no tenían panes.
Dándose cuenta, les dijo Jesús:
«¿Por qué andáis discutiendo que no tenéis pan? ¿Aún no entendéis ni comprendéis? ¿Tenéis el corazón embotado? ¿Tenéis ojos y no veis, tenéis oídos y no oís? ¿No recordáis cuántos cestos de sobras recogisteis cuando repartí cinco panes entre cinco mil?»
Ellos contestaron:
«Doce»
«¿Y cuántas canastas de sobras recogisteis cuando repartí siete entre cuatro mil?».
Le respondieron:
«Siete».
Él les dijo:
«¿Y no acabáis de comprender?».
Reflexión del Evangelio de hoy
“Tus consuelos son mi delicia”
Mañana comienza la Cuaresma, un tiempo fuerte. Hoy, el apóstol Santiago nos anima a resistir la prueba para alcanzar la felicidad. Esta bienaventuranza nos permite meditar sobre las pruebas de la vida, y en nuestro pobre amor que tan mal las soporta.
Hay algo en nuestra naturaleza que se rebela ante la dificultad, la contrariedad o la pérdida, tratando de evitarlas, solicitando a Dios que las aparte para que cese el azote de nuestro contratiempo, de nuestro sufrimiento.
Nuestro hermano dominico Juan Taulero, discípulo del Maestro Eckhart, nos dijo que hay un escondido camino, una secreta fórmula: soportar la estrechura sin intentar escapar porque todos los hombres y las mujeres nacemos a la luz después de atravesarla. A veces, lleva su tiempo. Podemos vivir esta Cuaresma como un tiempo providencial para realizar este aprendizaje.
También hoy nos instruye el apóstol sobre el deseo y nos preguntamos, al hilo de la reflexión anterior, si es más fácil necesitar a Dios que desearlo. La necesidad nos sitúa ante nuestra limitación, ante nuestra pobreza.
Una necesidad que nos vuelve a Dios es una oportunidad para acercarnos a la fuente de la Vida, sí, pero el deseo de Dios es otra cosa. El deseo de Dios es incompatible con cualquier otro y hay que cultivarlo, paciente y calladamente, hasta descubrirlo, hasta liberarlo del hondón de nuestra intimidad.
“¿Tenéis el corazón embotado?”
El evangelio de san Marcos nos permite continuar con la meditación sobre nuestras preocupaciones, sobre su presencia invasiva que aparta el limpio deseo de Dios de nuestro corazón.
Los deseos de Dios, aposentadores son de Dios, afirmaba Juan de Ávila, un santo santísimo que trató a santa Teresa, a san Ignacio, a san Juan de Dios o a san Francisco de Borja… también a nuestro hermano, el dominico fray Luis de Granada, quien redactó la primera biografía del santo patrón del clero secular.
Nuestras preocupaciones, nuestros miedos, nos apartan de su tranquilizadora Presencia.
Eso les pasó a los discípulos. Jesús les advertía para que no fuesen tentados por la mentira o la ambición y ellos andaban entretenidos con la lista de la compra. Santa Teresa sabía que cuando sobreabunda el amor, desaparece el temor y cesa de aguijonearnos la perentoria necesidad porque solo Dios basta.
Que cultivemos la oración del corazón, esa que busca incesantemente su Presencia. Eso nos basta.
Tomado de: https://www.dominicos.org/predicacion/evangelio-del-dia/hoy/
Autor: Dña. Micaela Bunes Portillo O.P. – Fraternidad de Laicos Dominicos de Santo Domingo (Murcia)