El Doctorado en Ciencias de la Educación de la Universidad Católica Americana San Gregorio Magno —UNICA— tiene como propósito formar investigadores de alto nivel capaces de generar conocimiento riguroso y pertinente para la mejora de las prácticas educativas; su objetivo es acompañar la construcción de proyectos de investigación con enfoque social, fortalecer competencias metodológicas y promover la vinculación con comunidades para garantizar la aplicabilidad y el impacto de los resultados. A raíz de ese propósito y objetivo, los doctorandos Nancy Rodríguez Ruiz y Johnny Palacios comparten sus testimonios y expresan su experiencia en el programa.
La docente en ejercicio Nancy Rodríguez Ruiz (residente de Los Palmitos) describió con claridad el significado personal y profesional que ha encontrado en el Doctorado en Ciencias de la Educación de la Universidad Católica Americana San Gregorio Magno —UNICA—: “Entré al doctorado impulsada por mi familia; este programa es muy importante en mi vida”, afirmó. Nancy destacó que en UNICA ha hallado “todas las herramientas necesarias” y un equipo humano “capacitado, amable y dispuesto a ayudar” (elementos que, según ella, son determinantes para avanzar en la investigación doctoral).
Para Nancy, el valor del posgrado trasciende lo académico: sus expectativas se centran en “consolidar lazos con las personas que van a acompañar mi proyecto de grado” y en transformar su formación en un motor de impacto social. “Mis expectativas son seguir adelante y ser un eje principal en el desarrollo de las comunidades que serán las beneficiarias de este proyecto”, expresó con convicción. Asimismo, recomendó el programa porque, en sus palabras, “aquí encontré todo lo que necesitaba: formación, apoyo humano y académico; lo recomiendo porque cimenta las bases para el futuro profesional”.
El testimonio de Johnny Palacios (residente de Chocó, profesional de la Armada Nacional e infante de marina, y psicólogo de profesión) refuerza esa percepción de comunidad y propósito. Johnny manifestó sentirse satisfecho con la universidad y comprometido a aportar lo mejor de sí para adquirir los conocimientos necesarios y aplicarlos cuando sea requerido. Destacó, además, la importancia de los vínculos creados con profesores y compañeros: “Se generó un lazo de amistad, compañerismo y trabajo compartido” —vínculos que, según él, son fundamentales en el proceso doctoral.
Los relatos de Nancy y Johnny ponen en primer plano la dimensión humana del doctorado: no se trata solo de adquirir conocimientos, sino de construir redes, recibir acompañamiento académico cercano y proyectar investigaciones con impacto real en contextos concretos. Sus testimonios (claros, emotivos y comprometidos) invitan a valorar la formación doctoral como un espacio de transformación profesional y social, y evidencian el potencial del programa para formar investigadores capaces de incidir en el desarrollo educativo de sus comunidades.