Reflexión del Cuarto Domingo de Adviento
Celebramos con profundo gozo la cercanía del misterio que transforma la historia: el nacimiento de Jesús. Con el corazón fortalecido acogemos la ternura del pesebre, signo de cómo Dios se manifestó en la humildad para estar junto a cada persona, en especial quienes más necesitan consuelo y confianza.
Esta fecha nos llena de una alegría serena y contagiosa que trasciende las palabras y se convierte en gestos concretos de fraternidad. Desde UNICA asumimos el llamado a vivir la humildad y el servicio, reconociendo en cada miembro de nuestra comunidad la dignidad que brota del Evangelio y comprometiéndonos a acompañarnos con respeto y cariño.
Nuestra universidad celebra una presencia viva que inspira solidaridad, paz y cuidado mutuo. Que la última vela del Adviento ilumine nuestros pasos y fortalezca nuestro compromiso con la comunidad, y que el nacimiento de Jesús nos impulse a transformar la fe en acciones concretas y la confianza en obras compartidas que beneficien a toda la sociedad.