Reflexión para el Segundo Domingo de Adviento
El Evangelio de Mateo nos presenta a Juan el Bautista como voz que llama en el desierto: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado”. Desde ese llamado nace la propuesta que hoy hacemos a toda la comunidad UNICA: volver la mirada, reconocer rostros y dejar que la esperanza transforme nuestra espera.
El Adviento nos trae rostros clásicos —Juan Bautista, María, José, los profetas— que no son figuras lejanas, sino espejos donde reconocemos a quienes hoy caminan con nosotros: estudiantes que buscan sentido, docentes que acompañan con entrega, personal y familias que sostienen la vida universitaria. Identificar esos rostros en el presente nos ayuda a leer la realidad con ojos de promesa.
La espera advierta la sed humana; la esperanza la sacia con promesas que no caducan. Adviento es una invitación a mirar de otra forma la realidad de siempre, a descubrir en las rutinas, en las dificultades y en los sueños las señales de la presencia de Dios. Como comunidad universitaria, estamos llamados a ser testigos de esa esperanza: en el aula, en la investigación, en el servicio y en la fraternidad.
El texto de Isaías nos enseña a ver vida donde parece muerte: el tronco vencido que vuelve a brotar. Esa imagen nos anima a no rendirnos ante los fracasos ni a naturalizar la indiferencia. En la universidad, cada proyecto, cada estudiante que se levanta, cada gesto de solidaridad es un brote de vida que confirma la fidelidad de Dios.
Juan nos empuja a volver al desierto, a ese espacio interior donde el agua del Jordán simboliza conversión, exigencia y valentía. Convertirnos no es un acto solitario sino comunitario: implica reconocer nuestras limitaciones, pedir perdón, y comprometerse a construir una universidad más humana y solidaria.
Llamado a la comunidad UNICA
Estudiantes, docentes y personal: celebremos este Segundo Domingo de Adviento con actos sencillos pero significativos: un momento de silencio, una jornada de servicio, una reflexión o una oración comunitaria. Que nuestra espera se convierta en esperanza activa.