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Lectura del Santo Evangelio según San Marcos 3, 31-35

En aquel tiempo, llegaron la madre de Jesús y sus hermanos y, desde fuera, lo mandaron llamar.

La gente que tenía sentada alrededor le dice:
«Mira, tu madre y tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan».

Él les pregunta:
«¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?».

Y mirando a los que estaban sentados alrededor, dice:
«Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre».

Reflexión del Evangelio de hoy

“Honor y Gloria al Señor”

El Arca de la Alianza contenía las Tablas de la Ley que Dios entregó a Moises y maná del que el pueblo se alimentó en la travesía del desierto. Era, por tanto, la prueba material del pacto del Señor con su pueblo. Para los judíos era un objeto sagrado que debía ser conservado como prueba de fidelidad a Dios y objeto de culto puesto que contenía los Diez mandamientos, base de la relación con el Padre. Para conservarla el Rey David construye una tienda que será el antecedente del gran templo que luego construiría su hijo el Rey Salomón.

En este pasaje se nos relata cómo se organizó el traslado del Arca: con toda solemnidad, con músicas, danzas, sacrificios y será el propio David “danzando ante el Señor con todas sus fuerzas” el que encabece la comitiva, la procesión. El pueblo de Israel celebra la presencia del Señor entre ellos. Contemplando la escena que se nos relata es imposible no pensar en nuestras procesiones del Corpus Christi, las similitudes son grandes: músicas, en muchos lugares la presencia de danzantes, el pueblo reunido y caminando entorno al Cuerpo de Cristo, alabando y cantando por la alegría de sabernos Hijos de Dios.

Que nunca nos falte esa alegría que todo cristiano debemos tener, somos hijos de Dios, redimidos por su hijo y salvados por su Gracia, igual que el pueblo de Israel fue salvado de la esclavitud y de la larga travesía del desierto. El Señor siempre está entre nosotros.

“Cristo con nosotros”

Este pasaje del Evangelio de San Marcos nos puede parecer desconcertante. Es como si Jesús no quisiera saber nada de su Madre y de su familia. Él está predicando a las gentes cuando le llega el aviso de que le buscan y su respuesta es una pregunta “¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?” para a continuación proclamar: “El que haga la voluntad de Dios, ése es mi hermano, y mi hermana y mi madre”.

Cristo se nos está dando a todos, nos está haciendo miembros de su familia. Pero para eso debemos cumplir la voluntad de Dios. No es suficiente con querer, tenemos que hacer.

Siempre hablamos de la Iglesia como de la gran familia que somos con Cristo a la cabeza. Su Santísima Madre (que lo es nuestra desde el Gólgota) es un ejemplo de fidelidad y disponibilidad hacia Dios, siempre cumplió su voluntad aún en los momentos más difíciles.

Jesús nos hace ver que estamos unidos a Él a través del Padre, y lo mismo que San Marcos nos describe la escena con Él en medio de la gente, hoy sigue con nosotros (“Donde dos o más estén reunidos en mi nombre, ahí estaré yo”).

Tenemos que ser conscientes de que somos sus hermanos, miembros cercanos de su familia, como aquellos parientes que vinieron a buscarlo. Debemos hacer la voluntad de Dios para gozar de este privilegio, aceptar sus preceptos, cumplir sus mandatos.

De esta manera nuestra vida nunca lo será en soledad, siempre estaremos acompañados, viviremos en la Iglesia, con la Iglesia y para la Iglesia, ayudando a la misión evangelizadora que se nos ha encomendado y en la que, en los últimos años, tanto han insistido los Papas.

Tengamos siempre presente que Cristo está con nosotros, en medio de todos, y que el Padre será complacido si hacemos su voluntad. Que el Espíritu Santo nos ayude a aumentar nuestra Fe y a entender estas cosas.

Tomado de: https://www.dominicos.org/predicacion/evangelio-del-dia/hoy/
Autor: D. Luis Maldonado Fernández de Tejada O.P. – Fraternidad de Laicos Dominicos de Santo Domingo (Almagro)

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