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Lectura del Santo Evangelio según San Marcos 3, 20-21

En aquel tiempo, Jesús llega a casa con sus discípulos y de nuevo se junta tanta gente que no los dejaban ni comer.

Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque se decía que estaba fuera de sí.

Reflexión del Evangelio de hoy

“¡Ay, la flor de Israel, herida en tus alturas!”

David, victorioso sobre los amalecitas, recibe la noticia de la muerte de Saúl y de su hijo Jonatán.

A David le unía una relación especial con ambos. Al primero, Saúl, de lealtad y fidelidad, por ser David su servidor y el mejor de sus guerreros. Al segundo, Jonatán, de  complicidad, amistad sincera y amor fraternal. A pesar del trato desigual que Saúl tantas veces le ofreció, celoso por su valía en el campo de batalla, nunca David respondió con venganza ni aires de superioridad. Dándole pruebas más que evidentes de respeto y veneración.

La noticia de la muerte de su amigo querido y hermano del alma, Jonatán, genera en David un amargo sufrimiento. Rasga David sus vestiduras, como hacen también sus acompañantes como evidente señal de luto y duelo. Ayuno y llanto les acompañan, a él y a los suyos, hasta el atardecer.

El relato descubre a un David capaz de mostrar los sentimientos que afloran a su corazón.

“Vinieron a llevárselo, porque decían que no estaba en sus cabales”

En los primeros capítulos de su Evangelio, Marcos nos presenta de un modo bastante gráfico a Jesús. Nos regala una de sus jornadas en Cafarnaúm. Relata su actividad en la sinagoga, ámbito de los religioso, en la casa de Pedro, hogar familiar, en la puerta de la ciudad, lugar de las relaciones sociales y comerciales, en las afueras de la ciudad, lugar de los que la sociedad margina a algunos, como a los leprosos.

La presencia de Jesús y su palabra, pronunciada con autoridad, cura y sana a todos. La salvación llega a todos los ámbitos de la vida humana y a todas las personas sin discriminación. Pero hay quienes se resisten ante Jesús, especialmente los dirigentes políticos y religiosos, que ven en él un enemigo de sus intereses. El enfrentamiento es tal que acabarán confabulando para quitarlo de en medio.

La actividad de Jesús es tan grande que no les quedaba tiempo ni para comer o descansar.

Los dirigentes no aceptan ni el mensaje ni la presencia entre ellos de Jesús. Tienen miedo a la influencia que puede ejercer sobre el pueblo, al que ellos tienen sometido. Tampoco su familia entiende bien a Jesús y se dejan llevar posiblemente de los comentarios de sus detractores. Están desconcertado por un Jesús que ha comenzado su misión de anunciar y hacer presente el Reino de Dios. No le reconocen en lo que dice y en lo que hace. Tienen miedo. Piensan que está fuera de sí al desafiar la autoridad establecida y se lo quieren llevar para evitarle problemas.

Jesús actúa con verdadera libertad y autoridad. Su fama empezó a ser grande y no podía entrar en ninguna ciudad de los alrededores donde no le reconocieran. La multitud se agolpa para escucharle y los enfermos se acercan a tocarle para experimentar la curación de sus dolencias.

¿Soy capaz de experimentar la amistad como un don de Dios? ¿Soy capaz, como David, de expresar mis sentimientos?

¿Qué me mueve para acercarnos a Él Jesús? ¿Mi relación con Jesús es interesada? ¿Espero acaso que resuelva mis problemas y cure mis dolencias?

¿Qué cambia en mi vida cuando escucho su palabra y experimento su presencia y cercanía?

Tomado de: https://www.dominicos.org/predicacion/evangelio-del-dia/hoy/
Autor: Fr. Francisco José Collantes Iglesias O.P. – Convento de Santo Tomás de Aquino (Sevilla)

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